Uggs d’été

me estoy reponiendo del disgusto. Una, que es de las que compra en las mismas tiendas que el máximo común múltiplo de los mortales y de las que se pega codazos indoloros por arrasar con las montañas de ropa arrugada en rebajas, no está acostumbrada a tanto trasiego de boutiques de lujo donde parece que te va a costar hasta respirar. No porque no haya aire acondicionado, que algunas casi tienden a la congelación (empiezo a entender por qué las dependientas tienen el cutis tan terso), sino porque el precio de los artículos superan holgadamente el tope de billetes de 50 euros que se pueden sacar del cajero en un día. Más que un ‘bin laden’ de 500. Tiemblo.

Decía que todavía estoy en ‘shock’ por haber tenido un ‘affaire’ momentáneo con unas botas de ante doradas que se exhiben en una de las estanterías de la exclusiva tienda de Jimmy Choo, un nuevo inquilino de Puerto Banús que abrió sus puertas el pasado miércoles. Un flechazo, ya digo, roto por el impertinente catálogo que marcaba negro sobre blanco las casi cuatro cifras que, de haberme dado un ataque de ‘me lío la manta a la cabeza’, me habrían dejado tiritando la cuenta corriente.De vuelta a la tierra con zapatos de 30 y pico euros que van por la tercera temporada de desgaste (y que duren), lo que toca es hablar de la prestigiosa firma de zapatos y bolsos Jimmy Choo (que pese al nombre de karateca chino cobija una diseñadora británica llamada Tamara Mellon. Léase sin tilde en la ‘o’, por caridad), que ha elegido Marbella (otra más) para abrir su segunda tienda en España de estos objetos de culto de actrices de Hollywood, aristócratas y top models. No estuvo esa ‘creme de la creme’ pero sí caras conocidas. Menos es nada…

La modelo María León; el integrante de los ‘choris’ Yeyo Llagostera, conocido por haberle puesto una manzanilla a la ex alcaldesa de Marbella Marisol Yagüe en su primera noche entre rejas; Gunilla Bismarck y Luis Ortiz; y las princesas Beatriz de Orleans, acompañada de Sidney Toledano, presidente de Dior y de la mujer de éste, y María Luisa de Prusia, se dejaron ver por el ‘sarao’. Todos los invitados, conocidos o no, admiraron las vitrinas con cara de «yo también quiero un ‘choo’». Algo en el argot de los estilistas que está casi a la par que tener unos ‘manolos’ de Blahnik.Hay quien compartió con la firma lo del soniquete chino, pero por haber sacado sus zapatos de esos bazares orientales que surgen como las setas. Peor fue la presencia espontánea de la vecina de justo encima de la tienda, que no perdió puntada desde la barandilla. Algunos bromearon con que era la nueva imagen de Jimmy Choo o una ‘gogó’. Menos mal que, por lo menos, accedió a quitar del cordelillo su ropa íntima y sus toallas. Poco ‘chic’.