Uggs en la nieve

A esta iniciativa de García Grana siguieron otras no menos importantes, consistentes en dotar al pasaje de pavimento de piedra de Sierra Elvira, además de colocarle en su centro una fuente del siglo XIX donada por Fernando Barceló. Y como gran complemento de aquella operación municipal se encargó a José Espinós Alonso, gran maestro madrileño de la forja artística, todos los rótulos tanto de oficios artesanales como industriales y comerciales del pasaje, todos ellos labrados en hierro forjado, algunos de los cuales existen todavía.Durante el último cuarto de siglo distintas historias se han protagonizado en las noches del pasaje. Sobre algunas de ellas nuestro periódico ofreció puntualmente referencias. En la medianoche del 11 de marzo de 1962, un beodo intentó refrescarse en la fuente donada por el señor Barceló. La pequeña joya del siglo XIX quedó destrozada y sus pedazos, diseminados en el suelo. La fuente se restituyó, restaurada gentilmente por el marmolista Baeza, y allí permaneció hasta su total destrucción en 1978.

Volvió el Ayuntamiento a dignificar la placita con la escultura de Mariquilla, realizada por el escultor Adrián Risueño para los jardines de la calle Alcazabilla. Pero como la gente estaba más por el cachondeo y la contestación que por el respeto al mobiliario urbano, durante una serie de días se congregaron allí grupos ecologistas para protestar de las «fuentes imperiales», acabando con Mariquilla.Cuando el eslalon más famoso de la historia del fútbol ya estaba abocado al gol, después de haber dejado varados y con la cintura rota a media docena de ingleses, el narrador del Argentina-Inglaterra en México’86, el inconfundible Víctor Hugo Morales, dejó de describir la jugada y comenzó a gritar «¡Ta-ta-ta-ta-ta-ta!». Maradona había culminado el gol más increíble que se recuerda en la historia del fútbol y mientras se sucedían las repeticiones, con toda Argentina dando saltos, el periodista, extasiado, exclamó: «Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?».

A Maradona le han puesto ese gol mil veces, pero nunca, en treinta años, había contemplado, hasta hace unos meses, ni ese partido ni los otros seis de aquel campeonato que le coronó como uno de los más grandes futbolistas de todos los tiempos. Aquel repaso le inspiró un libro –‘México 86. Mi Mundial. Mi verdad’– que descorcha con una frase que pronunció la última Navidad: «Les habla Diego Armando Maradona, el hombre que le hizo dos goles a Inglaterra y uno de los pocos argentinos que sabe cuánto pesa la Copa del Mundo».La narración de ‘el Pelusa’ empieza unos meses antes, cuando nadie apostaba por ellos y los críticos eran legión. Arranca el día que un representante del Gobierno de Raúl Alfonsín le llama a Nápoles –allí eran las once de la noche– para decirle que iban a tirar a Carlos Salvador Bilardo. El jugador, airado, contestó que si echaban al seleccionador echaban a los dos y colgó.