Ugg water and stain repellent

Si hay que acariciar un caballo, dar palmas flamencas o subirse a una calesa,Ugg water and stain repellent ‘no problem’. Pero ponerse un sombrero cordobés ya es otro cantar… «No vaya a chafarme el postizo», debió de pensar su madre, Ivana Trump, cuando a finales de octubre de 2009 aceptó la invitación para viajar a Sevilla como ‘celebrity’ del Salón Internacional del Caballo. Tomás Terry, el veterano anfitrión de honor del Sicab, la recuerda con cariño. «Fue encantadora y accesible». Silvia Peris, curtida relaciones públicas acostumbrada a lidiar con las estrellonas internacionales, confiesa en cambio que ha las ha visto más educadas… «Ivana se mostró simpática, pero también irascible y, sobre todo, tremendamente calculadora, todo lo traducía a dinero»

Barcelona, una fría noche de finales de enero del año 2000. Paco Flaqué, el padre de la ya legendaria Pasarela Gaudí,Ugg water and stain repellent baraja nombres de maniquís junto a Josep María Donat, esposo de la diseñadora catalana Totón Comella y copropietario de la firma de ropa interior ‘TCN’. «Buscábamos una modelo muy mediática. Más mediática que modelo, para qué engañarnos -recuerda Donat-, una niña bien que desfilara para nuestra firma y diera un impulso publicitario a la marca. Nos ofrecieron a varias candidatas… La última de la lista era la hija de Donald Trump». Y la eligieron. «Quedaba poquísimo tiempo para el desfile y era la única que tenía avión privado. Su representante nos dijo: ‘OK. Por el viaje no se preocupen que ella va en el jet de su papá’. Horas después aterrizaba en El Prat.

Rubia, sonrosada, muy alta, pero un poco rellenita para modelo de pasarela, Ivanka era por entonces una estudiante de notables y sobresalientes que acababa de cumplir 18 años. «Ayer estaba en clase, en el instituto de Connecticut donde estudio, y de repente me llamó mi agente diciéndome que tenía un contrato para desfilar en Barcelona.Ugg water and stain repellent Y aquí estoy», explicaba sorprendida aún por la inesperada y rentabilísima excursión. Se dijo que cobró cinco millones de pesetas (30.000 euros de ahora) por emerger de un iglú en braga y sujetador y desfilar así, en ropa interior y con botas de esquimal, por una pasarela artificialmente nevada. Era la segunda vez que visitaba Barcelona, pero la primera que cobraba por ello.